Reacción al artículo “Dios, religión y Desastres Naturales: una perspectiva psicológica” (2020)

del Dr. Orlando M. Pagán-Torres publicado en el Boletín 43 (2) de la Asociación de Psicología de Puerto Rico.


Por Dr. Lino A. Hernández-Pereira


El artículo escrito por Orlando M. Pagan-Torres titulado “Dios, religión y Desastres Naturales: una perspectiva psicológica”, el autor enfatiza únicamente en la validación de las creencias espirituales/religiosas en el afrontamiento y recuperación de la sintomatología psicológica en víctimas de desastres bajo el argumento de la religiosidad en la población puertorriqueña y cito: “Dado que la mayoría de las sociedades occidentales son predominantemente religiosas/espirituales debido a la influencia de la fe cristiana, Dios es un Ser personal que interacciona con los seres humanos” (Pág. 15). Para esto, el autor enfatiza su propuesta a través de tres premisas fundamentales. La primera es la Teoría de Atribución de Hieder donde explica brevemente las formas de atribución que presentan las personas para explicar los desastres naturales. La segunda es el afrontamiento religioso donde expone que la religión es usada por las personas para manejar los estresores asociados al evento catastrófico, y por último, el rol del profesional de ayuda en relación a la religiosidad de las víctimas de desastres.

No obstante, el artículo en referencia obvia dos quehaceres importantes en la literatura científica. El primero es la ausencia de investigación en el campo de salud mental en desastres, trauma psicológico y estrés traumático que pueden explicar y responder adecuadamente las implicaciones psicosociales de las víctimas de desastres naturales. (1). La segunda es el rol del psicólogo/a y la disciplina de la psicología puertorriqueña como instrumento de cambio ante supuestos y normas culturales y/o sociales que fomentan opresión y desigualdad en grupos culturalmente minoritarios (2 -3) como es el caso de la religión. De acuerdo con Littlewood y Lipsedge (1989) la religión juega un rol especial en mantener y desarrollar normas sociales y cito: “las metas implícitas de la conformidad social frecuentemente reposan en forma de mandatos religiosos.” (4).

SALUD MENTAL EN DESASTRES, TRAUMA PSICÓLOGICO Y ESTRÉS TRAUMÁTICO

El ser humano ha experimentado desastres naturales desde los últimos 70,000 años. Las grandes civilizaciones y sociedades han interactuado con eventos catastróficos, lo cuales han fomentado la adaptación del ser humano a su medio ambiente. Los seres humanos y los desastres han tenido una relación “afectiva” por milenios. Un ejemplo de esto lo podemos observar en la etimología de la palabra “desastre”. La misma proviene del latín donde el prefijo “des” significa en contra y “astre” significa astros o estrellas. Lo que sugiere que “Los astros están en contra”. Así, las implicaciones y explicaciones sobrenaturales de los desastres naturales están contempladas en la misma fenomenología de los eventos (5). Además, podemos identificar nomenclatura en estatutos judiciales, políticos y económicos donde se define los desastres naturales como “actos de dios” al implicar la ausencia del control humano (6).


El autor propone su escrito basándose en la alta incidencia de desórdenes mentales luego del impacto de desastres naturales y cito: “… hecho que estos estragos (desastres naturales) tienen un impacto profundamente psicológico, no solo por el aumento significativo de la incidencia de los desórdenes mentales,...” (Pág. 15). De acuerdo con la literatura científica en desastres naturales la incidencia de desórdenes mentales suelen disminuir luego de un mes de la ocurrencia del evento (7). Además, la prevalencia en estudios epistemológicos de desórdenes mentales luego de desastres naturales en muchos países se ha mantenido entre 2.5% y 11.7% (8-9).


El factor religioso es un elemento que se trabaja en la intervención psicológica en la salud mental en desastres (10) pero sin minimizar otros elementos culturales; como son los rituales y valores comunitarios, tradiciones y normas no escritas, accesibilidad a recursos de ayuda, dinámicas y herencia familiar, retos y recursos vocacionales, experiencias de trauma previos y grupos de apoyo interpersonales (11). De acuerdo con el modelo trifásico para el tratamiento de trauma psicológico de Ford y colaboradores (12), el aspecto religioso y/o espiritual de las víctimas de desastres se incorpora en la recuperación y tratamiento en las a través de la intervención comunitaria. Este modelo contempla tres fases de tratamiento e intervención. La primera fase es compromiso, seguridad y estabilización de la persona en relación a su sintomatología; la segunda es la re-experimentación de memorias traumáticas; y la última fase, es el vínculo sostenido con su ambiente social y comunidad. Además, la fenomenología de la religión y/o espiritual en relación a desastres naturales son estudiados por científicos sociales; como por ejemplo, antropólogos culturales y sociólogos (13-14), a través de investigaciones etnográficas a nivel internacional y local (15). La relevancia de los planteamientos descritos en el escrito es minúscula o nula como aportación a la literatura de salud mental en desastres y trauma psicológico. A mi entender la intención del artículo es sobrevalorar principios religiosos cristianos como normativa terapéutica.

Tengo la convicción que el rol del psicólogo/a y la disciplina de la psicología puertorriqueña funcionan como entidades de cambio social (16). Por lo tanto, la disciplina debe comenzar a reflexionar sobre la psicología de la religión y/o espiritualidad en nuestro país. Dicha reflexión debe ser desde una mirada crítica (17) y epistemológica (18) con el propósito de alertar las limitaciones e intenciones de este quehacer psicológico. Esta visión crítica debe promover el cambio de la psicología en sí misma en la medida que sus profesionales piensen, analicen y

evalúen con intención de problematizar los supuestos culturales y sociales para obtener una sociedad más equitativa y progresiva para todos sus ciudadanos. Esta reflexión la he llamado “Cristianización de la psicoterapia puertorriqueña” y la defino de la siguiente manera: “el privilegio social de la religión cristiana en Puerto Rico ha influenciado directamente el quehacer psicológico a través de la sobrevalorización de argumentos y elementos espirituales y/o religiosos en el proceso terapéutico puertorriqueño bajo el argumento que estos fenómenos

son hechos culturales y que las creencias religiosas y sus prácticas tienen efectos negativos (19) y positivos en la salud mental” (20). El artículo evidencia una preferencia en sobreestimar los argumentos religiosos al excluir conocimientos científicos más relevantes en la literatura de víctimas de desastres y presentando una posición pasiva sobre el rol del psicólogo/a y de la psicología en el debate de la transformación social de la sociedad puertorriqueña.

CRISTIANIZACIÓN DE LA PSICOTERAPIA PUERTORRIQUEÑA

En menos de 20 años, la cantidad y el impacto de la investigación académica sobre la espiritualidad/religión y sus variantes temas han aumentado en la literatura de la psicología puertorriqueña. Sin embargo, estas investigaciones han sido avaladas por las universidades y organizaciones profesionales sin el debido análisis epistemológico e histórico meritorio en el contexto puertorriqueño (21). El “éxito” de la espiritualidad en la psicología puertorriqueña viene a vencer su escepticismo en las posturas posmodernas (22). Sin embargo, el tema tuvo aceptación en programas de investigación en las universidades y organizaciones profesionales sin plantearse las interrogantes filosóficas-teóricas y dilemas éticos-legales en nuestro país (23-25). Hoy día, en el quehacer psicológico en Puerto Rico hay más psicólogos/as, ya sea por convicción o conveniencia, que se encuentran practicando la disciplina de la espiritualidad/religiosidad. Además, el apadrinamiento de la psicología en Puerto Rico a esta disciplina ha creado la ilusión hegemónica de la espiritualidad cristiana como práctica común y única entre los profesionales de la psicología. La práctica de la psicología de la espiritualidad en Puerto Rico, en la mayoría de los casos, promueve estilos y dogmas religiosos específicos en temas relacionados a procesos mentales, criterios de salud, apoderamiento del cuerpo físico y procesos terapéuticos. A grandes rasgos, esta disciplina provee un vocabulario que parece demostrar científicamente la existencia de la relación entre los pensamientos y emociones positivas, el desarrollo personal y de salud exclusivamente practicando la religión cristiana excluyendo así la diversidad religiosa y no religiosa en Puerto Rico.


Los psicólogos espirituales en Puerto Rico presentan entre sus postulados principales que su práctica debe ir dirigida a compensar el sufrimiento humano a través de validar estereotipos estrictamente alineados con la religión y filosofía cristiana. Un ejemplo de esto es el concepto de dios en sus razonamientos básicos. Claramente enfatizado en el artículo en discusión. Este mismo dilema ocurrió en otro quehacer científico en las últimas décadas del Siglo XX, cuando la disciplina de la biología evolutiva tuvo que debatir en foros educativos, políticos y judiciales sobre cuál materia de enseñanza se dictaría en grados primarios en escuelas públicas de varios estados de Estados Unidos. Los biólogos cristianos entendían que en las escuelas se debería enseñar el concepto de “diseño inteligente” o creación junto con la evolución (26).


La psicología espiritual y/o religiosidad usa conceptos y prácticas de la psicología tradicional para validar asuntos típicamente relacionados con religiones y su práctica. Muchos estudiosos de múltiples disciplinas han puesto en duda sus postulados fundamentales, su generalidad en la experiencia humana, sus visiones simplistas, contradicciones conceptuales, problemas metodológicos, falta de replicabilidad de sus estudios, eficacia terapéutica y estatus científico cuando se compara con el emergente campo investigativo de la secularidad y diversidad humana (27-28). Hoy día la psicología de la espiritualidad en Puerto Rico no ha podido distinguirse por sí sola sin la repetición de constructos religiosos cristianos tradicionales, su dogma y la preferencia individual de cada profesional (29).

La psicología puertorriqueña debe comenzar el debate postulando que la disciplina de espiritualidad y la religión son constructos dicotómicos (30). Ambos fenómenos comparten un mismo rol (pese a la enorme falta de consenso sobre su definición, hay sobre 35 definiciones sobre espiritualidad) bajo entendidos con matices históricas, filosóficas y de poder (31). Por ejemplo, la religión cristiana posee opiniones rigurosas sobre las minorías sexuales, la sexualidad humana, el suicidio, eutanasia, el origen de la vida y el sufrimiento humano. La psicología debe ser una profesión donde el ser humano pueda independizarse de dogmas y supersticiones para encontrar la mejor manera de vivir en comunidad.


Bibliografía anotada


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Nota importante: Este artículo es parte de la nueva sección Reacciones Teóricas. Este espacio se creó para promover la reflexión y el debate de ideas basado en evidencia científica y no personalista.  

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